Ir al contenido principal

Te lo entrego a ti

-Viviré sabiendo que lo que he hecho es lo correcto y si he de morir, será defendiendo mis pensamientos ya que por muchas heridas que me hagan, no hay daño que no cure el tiempo. Seguiré luchando por los demás hasta que mi última gota de sangre se derrame, porque quiero creer que siempre habrá personas por las que pelear, ya que mi espada pertenecerá a alguien que me demuestre que la merece. Me gustaría pensar que seré eterno en sus corazones y no un breve sueño que tuvieron.

El caballero cayó de rodillas exhausto mientras las lágrimas caían por sus mejillas. La dragona supo ver sus sentimientos.

-¿Y ha valido la pena entregar tu vida a los demás, está valiendo la pena esta batalla que libras ahora?
-No lo sabré hasta que exhale mi aliento final.-La agonía que sentía el guerrero era palpable en el ambiente.
-Noto vacío en tu corazón, ¿Es por eso que lloras, verdad? Has entregado demasiado, guerrero, tanto, que ahora desapareces de este mundo cruel, incompleto.-Dijo la dragona mientras observaba como el hombre temblaba en sus últimos momentos.

En ese instante la dragona comenzó a brillar, toda la luz que irradiaba se dirigía directamente al hombre, que, en un instante solo poseía cicatrices en su piel y se sentía rebosante de vida.

-¿por qué haces esto por mí, vieja amiga?-Preguntó el guerrero anonadado por la acción del gigantesco reptil.
-Porque un corazón vacío no puede seguir entregando amor, por eso yo te entrego el mío, para que puedas continuar tu destino sin rendirte, luchando como has hecho siempre, algo me dice que estarás destinado a grandes cosas mi viejo amigo, y yo siempre estaré ahí contigo para ayudarte.- Donde antes se encontraba un magnífico dragón negro, ahora solo quedaba un esqueleto inerte y frío.


Tras un prolongado silencio, donde solo unas lágrimas podían oírse caer al suelo, el guerrero se levantó, no sabía el que ni como, pero emprendió de nuevo su camino, haya donde lo llevara su corazón…

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cadenas de dolor

Otro día más en esta oscuridad, no podría deciros cuantos días llevaba aquí, puede que horas, días o meses… incluso años. La agonía cada vez era más fuerte pero tenía que seguir resistiendo, ya que estas cadenas es todo lo que me quedaban. Se clavaban más, no veía que fueran a cambiar su rutina pero tampoco mi sangre se iba a acabar… Ya no podía más, tenía que soltar, jamás me había preguntado qué pasaría si dejaba de tirar, pero necesitaba descansar. Note como las cadenas aflojaban, me sentí aliviado, poco a poco se separaban de mi carne y sentía el aire entrando en mis pulmones pero el miedo me envolvió de nuevo, que ocurrirá ahora que las cadenas se esparcían por el suelo. ¿Y ahora qué? No me quedaba nada en este mundo por lo que luchar, solo me quedaba ver como mis heridas se cerraban, como la sangre cesaba. Comencé a caminar, siguiendo los hierros más grandes ya que la curiosidad de saber que sujetaba crecía a medida que pasaban las horas, inesperadamente, las du...

El despertar

Encerrado en aquella montaña, donde mis alas no pueden provocar destrucción, curando las heridas de la última batalla, mis escamas negras se cerraban cada vez más rápido, comenzaba a afilar mis cuernos, garras y dientes para derribar hasta la última piedra de este macizo que me encierra. Todas las civilizaciones arderán bajo la sombra de mis alas, nada podrá esconderse de mi llameante rugido. Solo sirvo para un propósito y he de cumplirlo, sin control, sin dolor, no habrá nadie que pueda detener mi furiosa dentellada. Los rayos comenzaban a chisporrotear por toda la caverna, las estalactitas y estalagmitas crujían y explotaban con los rayos más débiles. Mientras él estaba allí sentado, lleno de dolor, pensando que encerrarnos es la mejor idea, no, jamás. Todo arderá. La tierra empezaba a desquebrajarse con mis rugidos y la luz del sol se abría paso entre las grietas de la montaña. Comencé a cubrir todo con mis llamas electrificadas, las rocas se fundían y la montaña se vino abajo. Ex...

Lucas Valiente Polo

Y me levanto otro día más, echando la vista atrás, recordando todo lo que he conseguido y pensando en todo lo que está por venir. No puedo dejar de pensar en ti, y más cuando el camino se hace empinado, porque me falta el amor que desapareció hace años. Siempre mantendré conmigo los recuerdos y consejos que me diste, ya que tú me diste los cimientos para ser la persona que soy ahora. Siento mucho que no puedas ver hasta donde he llegado, pero te prometo que siempre seguiré avanzando, intentando lograr mis metas, aunque jamás las haya tenido claras. Sigo caminando con firmeza sin miedo a los fallos, ya que me enseñasteis que los errores son los profesores más sabios. Solo quería daros las gracias a los dos, ya que no se pueden pedir mayores ejemplos.