Ir al contenido principal

Gracias a ellos

El sol aun entra por mi ventana, algo de extrañar en el lugar donde me encuentro, pero el frío sigue calando hasta los huesos, la música suena levemente en mi móvil, una canción que me lleva al pasado y un sentimiento de nostalgia recorre mi cuerpo. Recuerdo todos aquellos momentos con ellos, las más brillantes luces que pueden salvarte de una tormenta, siempre he sabido que son parte de mí como yo lo soy de ellos, he pasado grandes y malos momentos por lo que estoy orgulloso.

Orgulloso de saber que mi personalidad ha crecido gracias a las suyas, ejemplos maravillosos de que la alegría tiene vida. Han calmado hasta la furia más poderosa como la tristeza más negra, porque no hay otros que puedan ver mis sentimientos, ya que no se pueden ocultar a sus ojos. Un simple mote que te saca una sonrisa diaria, una recomendación que me hará cuestionarme algún tema, un oído que escuche mis problemas o simplemente una tarde con ellos que me haga reír como nunca. Sé que ellos estarán ahí siempre, por lo que solo puedo dar las gracias al destino por haberme rodeado de personas tan increíbles como ellas, gracias.


Comentarios

Entradas populares de este blog

La primera de muchas

Era ya mediodía y yo llegaba a mi destino, la Ciudadela Negra,  una ciudad de increíble tecnología, la cual era casi superada por su suciedad. Caminaba por sus suelos metálicos a la atenta mirada de los charr ajetreados, no era normal que un humano caminara por el Campo de Formación, pero yo había venido dispuesto a encontrarle. Llegué al Núcleo del Emperador, fascinado observé esa esfera del tamaño de una pequeña luna, en su interior, una rampa de caracol ascendía hasta los tribunos de sangre, hierro y el Núcleo de Mando. Ordené a Nertharion que sobrevolara la ciudad en busca del charr ya que a mis ojos todos son iguales. Me distraje un momento a contemplar al Azote, una gran arena que se extendía bajo el Núcleo, pensando en la gloria de la batalla. Nertharion volvió a mí, señalando el Noto de Ligacus, nos dirigimos a prisa hacia el lugar donde pude ver un guerrero charr practicando movimientos de hacha y antorcha, demostrando que mi oponente se había convertido ya en un berserk...

Cadenas de dolor

Otro día más en esta oscuridad, no podría deciros cuantos días llevaba aquí, puede que horas, días o meses… incluso años. La agonía cada vez era más fuerte pero tenía que seguir resistiendo, ya que estas cadenas es todo lo que me quedaban. Se clavaban más, no veía que fueran a cambiar su rutina pero tampoco mi sangre se iba a acabar… Ya no podía más, tenía que soltar, jamás me había preguntado qué pasaría si dejaba de tirar, pero necesitaba descansar. Note como las cadenas aflojaban, me sentí aliviado, poco a poco se separaban de mi carne y sentía el aire entrando en mis pulmones pero el miedo me envolvió de nuevo, que ocurrirá ahora que las cadenas se esparcían por el suelo. ¿Y ahora qué? No me quedaba nada en este mundo por lo que luchar, solo me quedaba ver como mis heridas se cerraban, como la sangre cesaba. Comencé a caminar, siguiendo los hierros más grandes ya que la curiosidad de saber que sujetaba crecía a medida que pasaban las horas, inesperadamente, las du...

Las Niivhelas de Balshur

Continuaba mi camino sin un rumbo fijo, unicamente buscando lo que algunos llaman felicidad, una leyenda transmitida entre susurros criminales. Durante mi travesía solo pude encontrar oscuridad, la cual ganaba lentamente el pulso a mi esperanza. Cabalgué varias semanas hacia el norte, a las montañas, hasta llegar a Balshur, un pequeño pueblo del norte, el cual cubría la nieve con un espesor considerable. Se sentía solitario, la poca gente que se atrevía a vivir en estas gélidas tierras se resguardaba en su casa la mayor parte del tiempo, más ahora que el invierno mostraba todo su explendor. Atravesé la pequeña plaza para dirigirme a la posada. Una preciosa mujer atendía el negocio, mientras aguantaba a sus clientes, que podrían ser perfectamente confundidos con cerdos. Pedí educadamente una habitación para unos días, ella me dio una llave y me indicó donde estaba la habitación. Pude ver en sus ojos una inmensa tristeza, una tristeza que conectó instantáneamente con mi corazón, unos...